¿No te ocurre de vez en cuando que sientes un impulso, como un deseo que viene muy de adentro de hacer algo inusual, algo que no pertenece para nada “a tu vida cotidiana”? A mí, sí.
Hace años comencé a sentir el impulso de viajar sola ¿Por qué? ¿Para qué? Esas eran preguntas que no necesitaba responder, aunque mi mente me martirizaba con ellas. Necesitaba, sencillamente, vivir la experiencia.
Desde el impulso inicial hasta
que materialicé la idea pasaron años. Cada vez estoy más reconciliada con mis
ritmos internos, no en vano mi animal talismán es la tortuga.
Elegí un formato “razonable” para
mí, diseñé un viaje lo suficientemente retador como para permitirme
experimentar un contexto nuevo y lo suficientemente “amigable” como
para que mis fantasmas no se abalanzaran sobre mí, impidiéndome vivir la
experiencia.
Argentina, veinte días, reservando
los alojamientos desde España, menos las últimas noches de Buenos Aires. ¿Es
muy osado? ¿Muy “facilón”? Para mí, era lo justo.
El proceso que viví para llevar a
cabo aquel impulso me permitió aprendizajes maravillosos y, sobre todo, la
oportunidad de descubrir una faceta de mí que desconocía: la capacidad de fluir
con las circunstancias, dejando afuera las expectativas y el control.
De aquel viaje podría hablar
largo y tendido pero hoy solo quiero centrarme en un aspecto. Y es que,
llevando a cabo mi “súper aventura”, descubrí la cantidad de personas que viajan
solas durante meses, personas que se toman un período sabático en sus vidas
para vivir de otra forma, para nutrirse de otros inputs, para nadar en aguas
diferentes a las de su cotidianeidad.
Había escuchado eso de “tomarse
un período sabático” algunas veces, en la tele, en alguna entrevista y siempre
se encendía dentro de mí un pilotito de atención. ”¡Clin!” “Sabático, mmm,
suena interesante”.
Y años después, con mi paso de
tortuga, estoy a punto de vivir yo mi propio período sabático. Y siento vértigo.
Y algunas vocecillas internas asustadas, susurran “¿Por qué? ¿Para qué? ¿A qué
te vas a dedicar?” Y las escucho con cariño, porque reconozco su intención de
protegerme. Y, a la vez, les digo: “lo iremos viendo”
No tengo planes específicos, sólo
vivir fuera de “los raíles” habituales, mirar más allá de mis horizontes
habituales, explorar posibilidades que me fascinan en lo personal y en lo
profesional y, sobre todo, en lo que hace que ambas dimensiones se solapen,
integrándose de manera armoniosa.
Agradezco a Telefónica, mi casa
durante todos estos años, que contemple fórmulas para permitirme hacer realidad
mi sueño. Y, más concretamente, a mis jefas (guau, toda mi cadena jerárquica
son mujeres, fascinante) por facilitarme el camino, por confiar en mí, por
decirme “adelante”. Sinceramente creo que lo que nutre a una persona, nutre a
todo su sistema.
Y digo que no tengo planes
específicos para este viaje, pero sí hay alguna ruta que me gustaría recorrer. ¿Te
lo cuento en otro ratito?
Gracias por leerme. Gracias por resonar conmigo. Y gracias, de antemano, por aquello que quieras compartir o comentar.








