Trump no asistirá a la Super Bowl. El espectáculo deportivo y artístico con más impacto económico y social del panorama estadounidense contará con el boicot del presidente porque… canta Bud Bunny.
Venga, vamos como en aquel famoso
concurso -cuyo título no hace falta que te recuerde si ya empiezas a coquetear
con las gafas de presbicia-: “por veinticinco pesetas, temas que se te vienen
a la cabeza al leer ese primer párrafo. Por ejemplo, la polarización”
(Y en tu mente ya debe estar sonando cierto soniquete a modo de presión
temporal…)
La polarización. El racismo. Los
intereses económicos subyacentes. El debate de qué es arte y qué factores
influyen en que un artista se convierta en un icono. (Estaría por ver que las
tacañonas me dejasen pasar una respuesta tan larga). El fatalismo con su
pensamiento inercial de que “el mundo se va a la mierda”. El poder fáctico
colosal de los medios de comunicación para dirigir nuestra atención. Mafalda,
con su “paren el mundo que me bajo”. Lo de que “esto no son más que estrategias
de la matrix para mantenerme apegado a la ilusión”. La polarización.
Talán, talán, talán. Las
tacañonas, con su luto decimonónico, hacen tañer con energía las campanas para
avisarnos del “game over”, mientras una de ellas sentencia: “Y hasta aquí hemos
llegau, que la polarización ya la has nombrau”.
Pero es que ahí reside el quid
de la cuestión. La mirada del YO conlleva un TÚ, este es el automatismo básico
de nuestra existencia. Yo- tú -él. Bueno, los cubanos, en su inimitable e
ilimitable creatividad para bautizar, han creado Yotuel, integrando los tres
pronombres, y yo me consuelo pensando que es un gesto hacia la Unión que
tantita falta de atención tiene en estos momentos. Yotuel... O Yotuella, por qué no.
Volviendo al Yo y al Tú, te
cuento un elemento de mi mapa del mundo sin el cual puede ser difícil
comprender lo que quiero decirte, si es que lo tuviera claro yo misma para empezar,
que, la verdad, voy un poquito sobre la marcha. Este elemento es SOY (no soja
en inglés, no, soy de la primera persona del verbo ser).
SOY es la idea primigenia que da
forma a mi concepción de la Vida. Una esencia, un origen único, infinito, todo
y nada al mismo tiempo, la fuente de lo creado. ¿De qué está hecho?, preguntas.
De nada, porque entonces sería una creación. Ibas a pillar, ¿eh? Es una
entelequia que solo puedo intuir y sentir pero de ningún modo explicar ni
entender intelectualmente. Pero para mí, es el punto de partida. Y de retorno.
Este SOY “un día” se puso a
jugar. ¿Se aburría de SER? Puede. O sencillamente, nunca hubo un antes ni un
después, solo para esta mente humana que trata ahora de expresarte torpemente,
desde un contexto espacio-temporal en el que existe y del que a duras penas
logra abstraerse, y moldeada por un idioma que aterriza dicho contexto en
patrones muy específicos. Este es mi “desclaimer”. Sirva ya para el resto de mi
relato.
Pues eso, el Soy quiso ser SOMOS
y, expresando su capacidad creadora, se manifestó en realidades concretas y
determinadas. Un juego como otro cualquiera. Como cuando de pequeños decíamos
eso de “¿Vale que tú eras un explorador que tenía el mapa de un tesoro, y yo tenía
un barco para llegar la isla y, entonces…? Y como en tal juego, el niño y el
explorador son lo mismo, de hecho, solo existe el niño, el explorador existe
solo en la medida que lo representamos durante el juego, con toda la fuerza de
nuestra imaginación y convencimiento.
Ya ves por dónde voy, ¿no? Lo que
ES no deja de ser, se manifieste o se exprese como elija hacerlo. ¿Elija? Otra
hipótesis de mi marco de referencia. Así que, aquí estamos, el SER único,
infinito, atemporal y todopoderoso, jugando a ser múltiple, limitado, acotado,
definido, creado. Hasta aquí, el SOY pasa a jugar al SOMOS. Vale.
El “problema” viene cuando nos
olvidamos de que SOMOS, cuando me creo que soy, con minúsculas,
cuando me olvido de que sí: soy una gota del océano, y aun así, el océano es la
esencia de la que estoy compuesta y por lo tanto, integrada en el océano,
vuelvo a ser infinita, atemporal y todopoderosa. No yo, la gota (de rocío, en
mi caso), si no YO, el océano.
El “problema”, de nuevo, es cuando ponemos todo el foco de nuestra energía en la gota, separada de las
otras gotas, y comienzo una existencia individual, separada, alejada de mi
origen. Imagínate a la gota tratando de sobrevivir individualmente, y mantener
sus características específicas, y distinguirse de las otras gotas…
Pues ahí estamos. Porque además,
se me ha olvidado un “detalle” fundamental. El SOY es puro Amor. Pero el soy,
cuanto más trata de ser, separado, con minúsculas, alejado de su esencia, es
puro miedo. Y ahora sí, ahí estamos: defendiendo a capa y espada el ser que
hemos definido con mil etiquetas. Y para cada etiqueta que me pongo, me surge
otra para diferenciarte a ti: nativo, migrante, blanco, negro, azul, místico,
científico, víctima, verdugo, artista, racional, influyente, marginado,
conservador, tradicional, liberal, revolucionario, moral, inmoral, visible o
invisibilizado, cuerdo, loco… Yo, yo, yo, tú, tú, tú…
¿Para cuándo nosotros,
como primer paso de vuelta a casa?
Y, aunque noticias como las que
abren los telediarios cada día, las que llenan las redes o los comentarios en
el metro o la máquina de café, resulten un caramelito a la “mente pequeña” que
se cree el juego a pies juntillas, afortunadamente, mis algoritmos digitales y
los internos, trabajan muy a favor de mi salud mental, emocional y hasta
física, y ya empiezo a vislumbrar una nueva sociedad en la que todos tengamos
como “middle name”… ¿adivinas cuál?

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