Reflexión sobre la experiencia tridimensional y la presencia divina interior
La existencia humana, tal y como la experimentamos en la tridimensionalidad, es una constante danza entre la percepción terrenal y la intuición de una esencia superior que nos habita. Desde la mirada del personaje humano, nos enfrentamos a la cotidianidad, las emociones, los retos y las alegrías que nos ofrece el mundo material. Sin embargo, tras esa mirada existe un ser divino, silencioso pero presente, que observa y guía nuestra trayectoria vital.
La Manifestación Humana en la 3D
El personaje humano es aquel que interactúa con la realidad
física: el cuerpo, las sensaciones, los pensamientos y las relaciones. Su
mirada está condicionada por los sentidos, por las circunstancias externas y
por la interpretación que hace de lo que acontece. En 3D, la experiencia se
vive de forma tangible, a veces limitada por el miedo, la duda o el deseo de
pertenecer. Es en este plano donde aprendemos, evolucionamos y buscamos
respuestas fuera de nosotros mismos.
El Ser Divino Interior
Más allá de la superficie, existe un ser divino que habita
en cada uno. Este ser es eterno, sabio y pleno. Su mirada es amplia y profunda,
capaz de ver el propósito detrás de cada experiencia, y de encontrar sentido
incluso en lo aparentemente banal. El ser divino no juzga, sino que comprende.
Actúa como guía interior, recordándonos nuestra verdadera naturaleza, que
trasciende los límites del tiempo y el espacio.
El Encuentro entre Ambas Miradas
El verdadero aprendizaje surge cuando el personaje humano
permite que la luz del ser divino ilumine su camino. Es en ese instante de
conexión donde la mirada se expande, y la realidad 3D adquiere nuevos matices.
El ser humano, guiado por la sabiduría interna, puede transformar sus
vivencias, encontrar paz en la incertidumbre y descubrir su potencial más
auténtico.
Conclusión
Vivir en la tridimensionalidad es un reto que invita
constantemente al reencuentro con lo divino. Reconocer la coexistencia de ambas
miradas —la humana y la divina— es la llave para trascender los límites y
alcanzar una existencia más plena y consciente. El personaje humano que se
manifiesta en la 3D es el vehículo, mientras que el ser divino es el conductor
silencioso que sabe exactamente hacia dónde dirigirnos.

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