Hoy tenía previsto hablaros de un nuevo proyecto que he iniciado de la mano de mi amiga Carmen Zamudio, un proyecto para darle altavoz a esas conversaciones que a menudo tenemos y que pensamos que sería bonito poder compartir con más gente, convencidas como estamos de que otra realidad es posible, y está -en gran medida- en nuestras manos construirla.
Eso era lo previsto pero necesito dar paso antes a algo que me bulle dentro desde hace mucho tiempo. Al final, todo está relacionado. Al final, todo tiene que ver con la gran pregunta: ¿Dónde enfocas tu energía, en el lado del amor o en el del miedo?
Y lo que bulle en mí es otra gran pregunta: ¿Qué puedo hacer yo en estos tiempos de sinrazón? ¿Qué puedo hacer cuando presenciamos la barbarie que se extiende, ante nuestra atónita y silenciosa mirada? En Gaza, en Ucrania, en Sudán, en tantos lugares que mi mente se niega a memorizar, tal vez como gesto de ingenua negación.
No quiero combatir el fuego con más fuego. De hecho, no quiero combatir en absoluto. Pero en ocasiones, voy a compartir una foto en las redes, con la simple intención de ofrecer una mirada amable a quienes me atiendan, y me da un poco de reparo, dadas las circunstancias. Me siento un poco Ingrid Bergman en "Casablanca", cuando escucha las noticias del avance de la guerra en Europa y exclama: "el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos".
Hoy, sin embargo, no puedo hablar de "mi película", sin mencionar antes la otra película, la del ser humano que se olvida del Amor y vive la ilusión de la separación del "nosotros y ellos". Esa realidad en la que se impone como única solución aparente atacar para defenderse, para defender "lo nuestro", para lograr extender "nuestra" mirada -que es la correcta- sobre el mundo, aniquilando cualquier amenaza a la misma.
Los conflictos, en lo macro y en lo micro, no tienen una gestión simple, suelen venir enmarañados en ovillos imposibles de causas y consecuencias, de los que empiezas a tirar y lo único que consigues es que aparezcan cada vez más y más ovillos igual de enmarañados. No hay "buenos" ni "malos" en términos absolutos, o yo, al menos, no soy capaz de verlos. Pero sí veo INOCENTES, personas que ven mermados sus derechos básicos, que ven amenazada su supervivencia y que ven alejarse cada día más las oportunidades que en otros lugares del mundo damos por garantizadas:
Estas actividades son pura quimera para tantas personas en el mundo. Mis días de ocio y mis jornadas de trabajo están llenas de momentos y circunstancias que son puro privilegio para tantos...Como escribir esta reflexión y publicarla.
Como pasar una mañana de sábado remando en el lago de la Casa de Campo.
Como reunirme entre amigas y compañeras de trabajo para celebrar la nueva etapa laboral que inicia una de nosotras
Como viajar sola para ir a la playa y disfrutar de un baño.
Por eso, aunque tal vez parezca contradictorio, mi compartir de hoy tiene una doble intención:
- La de celebrar y agradecer todas las oportunidades que me brinda la vida en el contexto en que me ha tocado vivirla. La de seguir publicando la belleza y la alegría que quiero para mí y para todos.
- Y la de reclamar un poco de cordura. No, ya no es tiempo de conformarse con un poco: reclamo TODA LA CORDURA y la LUCIDEZ que provoca un corazón despierto.
Apelo al Amor que, sin duda, sigue latiendo bajo el miedo en sus mil disfraces: entre ellos, el orgullo y la adicción al poder y a un éxito - en mi opinión- bastante desvirtuado y confundido.
Apelo a ese Amor, la fuerza más poderosa que existe, cuando se despliega libre y confiada.
Apelo a la contribución que todos podemos hacer en este sentido. La Paz se construye en cada escenario que la vida nos proporciona, por muy intrascendente que nos parezca. "¿Y qué más da si yo, aquí, echo un poco más de leña al fuego?". "No, no da igual".
La Paz también se construye en lo cotidiano y es en lo cotidiano donde los ciudadanos de a pie podemos contribuir. No desdeñemos el poder de nuestros pequeños gestos: en casa, en el trabajo, en el metro abarrotado de pasajeros, con tu pareja o con tus hijos tras un día agotador...
Respiremos profundo y seamos conscientes de nuestras heridas, para acogerlas, observarlas y sanarlas nosotros mismos, antes de dejar que sean ellas las que guíen nuestras reacciones.
La Paz se construye de grandes hazañas y de la suma de pequeños gestos cotidianos.
En fin, no sé si servirá de mucho, como no sé si sirve que publique una paloma que porta una raja de sandía, pero no quiero dejar de hacerlo. Yo confío. El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos. Así es la vida, pero, viviendo plenamente nuestro amor... seamos la voz de los que hoy no la tienen.


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