Esta mañana caminaba por la calle Velázquez, hacia una de mis revisiones rutinarias y recordaba el pellizco que se me ponía en el estómago el año pasado (bueno, ya el anterior) cuando me dirigía hacia la clínica. Allí fue donde me detectaron las "celulillas locas" y donde cada visita se ponía más nublado el panorama.
Todo eso pasó, pero la cabeza no se cansa de recordármelo cada vez que paso por allí (aunque no sea para ir al médico). Bueno, todo es muy distinto ahora. El recuerdo me ayuda a mirar el camino recorrido y darme cuenta de que estoy en un lugar muy diferente a entonces. Un lugar no físico, un estado del Ser, que permite que mis ojos se enfoquen más en la belleza, en la novedad, y que mi alma se recree en la alegría, dibujando sonrisas frecuentemente en mi boca.
Muchas cosas graves e importantes de entonces han dejado de serlo. Muchas cosas que pasaban inadvertidas entonces, ahora son muy relevantes. Cosas complicadas se han simplificado. Cosas que me requerían mucho esfuerzo, de repente, se resuelven prácticamente solas. ¿Magia? Puede ser, si llamamos magia a todo lo que acontece cuando cambio el foco de mi atención de la cabeza al corazón.
¿Y eso es fácil? Pues diría que sí, cuando estoy en el corazón es sencillísimo. Pero, ay, eso de bajar al corazón a mi mente le cuesta, tan acostumbrada ella a controlar, prever, ordenar, planificar (y que se le da bien a la tía). Se aferra a sus inercias y yo (lo que quiera que sea ese yo) me voy detrás de sus exigencias y me creo a pies juntillas sus "lo hago por tu bien", "¿dónde vamos a terminar si no me hago cargo? "esto va a ser el caos".
Y ahí vamos... ella se rebela, yo la sigo, luego me doy cuenta y me río ("ya he caído otra vez"). Y me sonrío, y la perdono porque lo hace con la mejor intención. Entonces, respiro (tampoco hace falta que sea muy profundamente, pero sí muy conscientemente), me enfoco en el corazón y "pasan cosas". ¿Qué cosas? Hombre, pues anímate tú a probar y lo sabrás. Y si ya lo sabes, comparte.
Porque esto va de compartir, de compartir nuestras pequeñas "fórmulas" para vivir en este mundo dual tan interesante. Compartir sin intentar convencer a nadie de nada. Todo son experiencias únicas, así como el proceso de cada cual es único, y a lo más que podemos aspirar es a resonar juntos.
Pero, espera, que ahora que caigo yo venía a contarte otra cosa: que, paseando hacia la consulta, miraba a mi alrededor, es una calle muy bonita, la calle Velázquez, hoy el día estaba muy nublado, pero cuando los cielos madrileños están de ese azul imposible, me encanta observar el contraste con los tejados y cúpulas de los edificios. Madrid tiene sus cositas. Bien, pues mirando, di con el cartel de la foto, que presidía el ventanal de una tienda de novias.
Love elevates us.
And we elevate love through art
El Amor nos eleva. Y nosotros elevamos el amor a través del arte. Guau.
Piénsalo. Siéntelo. ¿Qué te despierta?
A mí, la mente me estalló en confetti de purpurina al evidenciar el poder del arte como puente entre lo material y lo intangible, entre el mundo de los sentidos y el mundo de lo sutil. Y se me abrió la posibilidad de contribuir a "elevar el amor" (si es posible elevar lo más elevado que siento que existe... digamos que podría ser elevarlo, no ya de vibración, pero sí su volumen, su intensidad, que se oiga en cada rincón). Y a través del arte, yo puedo poner mi granito de arena.
Y están las Bellas Artes, sublimes cómo no, en las que cada uno puede sentirse más o menos competente o diestro, pero también está el arte cotidiano, el que resulta de hacer cualquier cosa con amor, con alegría, con el corazón. Unos macarrones, una tarjeta de felicitación, un abrazo, un mensaje de Whatsapp... todo puede servirnos de canal para mostrar nuestro arte, elevando el volumen del Amor.
Y, como esto va de compartir, te animo a que compartas tu arte, en el formato que sea, no te lo guardes que estamos elevando el amor. Y eso sí que va a ser pura magia.


Gracias Rocio... si, todo esto va de compartir-nos.
ResponderEliminarGracias a ti :-)
EliminarQué bonito! 😍 Yo llevo tiempo con el propósito de simplificar, cuando lo consigo siento que todo es más auténtico, más real, y eso me hace feliz. Como bien dices cuesta, mi parte controladora, previsora y organizadora no me lo pone fácil, y aquí estoy estoy aprendiendo☺️ Cuando quieras seguimos compartiendo😜
ResponderEliminarGracias por compartirte Rocío. Siempre que te leo me haces reflexionar sobre lo que de verdad importa.
ResponderEliminarLourdes, cómo me alegra siempre tu cariño. Tienes una mirada tan bella. Gracias
EliminarMi cabeza (grande como elña sola) gana a mi corazón (igual de grande, creo) la mayoría de las veces... así que en esas estamos: aprendiendo a dejarme llevar.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarQué bueno es ser honesto con uno mismo. Mi cabeza (que tampoco es pequeña :-D ) se sale con la suya también muy a menudo. Pero bueno, al final no es una batalla, ¿verdad? Es más desde dónde nos asomamos a ver el mundo, desde "la mirada" de la cabeza o con los ojos del corazón. Hay tanta inercia a hacerlo desde "allá arriba"... nos parece que es, no sé, más seguro, más fiable... Paso a paso vamos rompiendo esas inercias y dejándonos sorprender por la magia que emerge.
EliminarMe quedo Rocio con elevar el amor, con ponerlo en la lista de prioridades y tomar consciencia . Cada día más consciente de los chantajes de la mente, de sus laberintos. Gracias por traerme allí donde me gustaría estar más tiempo, en el corazón .
ResponderEliminar¡Qué maravilla! Tomar consciencia... es la puerta al corazón
EliminarQué bonito amiga. Una persona maravillosa sólo puede escribir cosas preciosas❤️😘
ResponderEliminar☺️ gracias
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