Se acaba un año precioso, mágico. Y siento cierta tristeza al despedirlo. He recibido tanto, tanto… Mi corazón ha vibrado en la frecuencia de la alegría la mayor parte del tiempo. Y, cuando no, cuando el miedo, el control y otros fantasmas asomaban, he comprobado que sentarse a observar y conectar con la luz ha sido mi gran superpoder
Cierro los ojos y visualizo estos
doce meses de colores intensos y cálidos: rojos, dorados, anaranjados,
amarillos, marrones, verde agua, azul turquesa y mucho blanco de fondo… Manchurrones
que se amalgaman armoniosamente, formando un tapiz abstracto que me transmite
alegría, vitalidad, ganas de reír, de bailar, de cantar, de contar…
Para mí ha sido el año de elegir
la libertad. La libertad de escucharme más allá de la voz de la niña buena, de
la mujer en busca de aprobación, y tener el coraje de ir dando pasos en
coherencia con mi sentir. De momento, es algo incipiente, son pasitos torpes
como los de un niño. Es tan bonito vivirme así. Todo es novedad y
descubrimiento.
Qué suerte, Rocío, parece que oigo
decir a algunos. Y me extraño, y mi felicidad se paraliza un instante al
descubrir que “esto mío” no es un sentimiento generalizado. Sé que soy un poco
ingenua pero, a veces pienso que todo el mundo lleva un recorrido paralelo al
mío. Y no es así.
Este año ha tenido momentos muy
duros para muchas personas: han dicho adiós a seres muy queridos, o han entrado
en contacto con la enfermedad y los monstruos que se invitan a la mesa con
ella, o han perdido sus casas, su trabajo, alguna relación significativa. Puede
que trataran de construir un sueño y lo vieran esfumarse entre sus manos. O,
simplemente, la rutina llevaba una inercia que no les dejó fuerzas para pararse
a escuchar dentro de sí mismos. Y no quiero minimizar en absoluto lo que estas
situaciones hayan podido despertar en el corazón de quien las ha vivido.
Pero he visto a muchas de estas
personas, atravesar esas circunstancias con una consciencia luminosa y serena,
no ignorando sus sentimientos, ni poniéndose gafas de unicornio para ver el
mundo, sino mirando de frente, con amabilidad, con confianza, con apertura lo que ES. Qué bonito es, tras permitirse vivir esa tristeza,
o la ira que acompaña a la frustración, o el miedo que surge naturalmente al
sentirnos amenazados, seguir observando, seguir sintiendo qué más hay en
el corazón, qué más pueden ver nuestros ojos?
Porque la tristeza es compatible
con la alegría, y las catástrofes, muchas veces, agudizan la vista para ver más
allá de los daños evidentes, y descubrir la belleza tras las ruinas. Incluso la
implacable rutina tiene a veces una grieta por donde entra una luz diferente…
Ese es mi deseo para el Nuevo Año:
que nuestros sentidos sean capaces de captar cada día más belleza en lo que nos
rodea, que nuestro corazón sea capaz de vibrar alto, más allá de las emociones,
en una paz tan hermosa como contagiosa. Que riamos mucho, tanto que algunos nos
tomen por locos.
Y este camino se hace al andar…
Primero, hay que quererlo y creerlo posible. Que no nos pille diciembre 2025
con la sensación de “vaya año de mierda”. Los años no son packs cerrados y sin
derecho a devolución. No esperes que pasen solo “cosas buenas”, no esperes a
que todo salga según tus expectativas para ser feliz. El año próximo traerá
consigo miles de cosas, pero sean como sean muchas de ellas, nuestra mirada es la que lo transformará todo. Todo.
Y si no te crees capaz, confía. Respira. Agradece. Pide ayuda, sonríe, abraza. Date tiempo para llorar, para gritar, para taparte bajo una manta, pero luego, no te olvides también de cantar, de bailar, incluso aunque sea sin ganas. Será solo el principio. Mira a los ojos de quien esté cerca de ti, sin más pretensión que conectar con él.
Un año nuevo está llamando a la
puerta, que resulte mágico está, en gran parte, en nuestras manos.
Ay, qué curioso, ahora tengo pena
por decir adiós a 2024 y me han entrado unas ganas tremendas de saborear 2025. Tojunto.

¡Qué reflexión tan maravillosa! Me siento en parte identificada . Gracias de nuevo. Feliz 2025 y a seguir con ese propósito de ser libre de hacer, sentir y ser.
ResponderEliminarGracias a ti, Sonia. Al final, nos hacemos de espejo, inspirándonos un@s a otr@s
EliminarSe me pasó identificarme... El comentario de arriba es mío 😄
ResponderEliminarGracias como siempre, hacía mucho que no te leía y diempre es un gusto ❤️
ResponderEliminarCecilia! Gracias por acogerme siempre con tanto cariño. Este año me da que "se vienen" más peritas ;-)
Eliminar